El análisis de datos, una realidad transversal que ha venido para quedarse

Ofrecer elementos a la conversación pública que aporten valor a los ciudadanos ayuda a que estos puedan ejercer sus derechos de forma más libre. En un contexto de incertidumbre y de posverdad como la de ahora, donde los sentimientos se anteponen a la razón, esto cobra más importancia que nunca. Gracias a ella, los ciudadanos se pueden mover en la conversación pública de una forma mucho más libre y en igualdad de condiciones.

Para ello, uno de los recursos más utilizados y a la que gran parte de la sociedad recurre a la hora de intentar argumentar una postura es buscar el dato que refuerce su tesis. Con ella, intentamos aportar elementos objetivos que justifiquen nuestra posición en determinados aspectos de la conversación pública y que nuestros argumentos cobren mayor peso.

No en vano, en un mundo cada vez más globalizado, los datos también pueden convertirse en un arma arrojadiza. El escenario político, uno de los más mediatizados, es buen ejemplo de ello. Por ello, cada vez cobra más importancia poder recurrir a fuentes solventes y contextualizarlos para que nuestros sentimientos no nos hagan quedarnos solo con aquellos aspectos y datos que busquen reforzar nuestra tesis.

Para poder analizar debemos primero saber qué idea o tesis queremos contrastar, y después elaborar o encontrar una base de datos que sea acorde y representativa con lo que queremos estudiar.  Una vez tengamos este paso previo hecho, el análisis consiste en limpiar los datos primero para después poder inspeccionarlos y transformarlos. Es decir, pasar los datos brutos a limpios para que nos ayuden primero, a sacar conclusiones, y segundo, a tomar decisiones.

Es precisamente la toma de decisiones lo que convierte el análisis de datos en una cuestión transversal. Los barómetros que día a día inundan los medios son el resultado a un exhaustivo estudio que los partidos complementan con encuestas internas que les permite conocer mejor a su votante, así como sus preocupaciones. Gracias a los patrones que se repiten de forma periódica, sabemos por ejemplo que el votante activo del Partido Popular es una persona urbana de mediana edad; mientras que los jóvenes urbanitas suelen preferir en gran medida opciones como Unidas Podemos o Ciudadanos, quienes aspiraban a abanderar el cambio político del país.

Pero el plano político no es, ni mucho menos, el único en el que se lleve a cabo el análisis de datos.  Investigadores y académicos, por ejemplo, así como empresas e instituciones públicas o medios de comunicación, tienen gran interés en conocer de cerca a la sociedad y en saber cuáles son sus preocupaciones para dar los mensajes más idóneos en función de su edad, sexo o educación.

El último ejemplo lo hemos visto esta misma semana. The Film Agency va a lanzar este año una herramienta, bautizada como Think Data, que busca arrojar luz en varios países de nuestro entorno sobre los datos de seguimiento de Netflix y Amazon Prime Video. Con ellas, ambas plataformas audiovisuales van a saber qué tipo de espectador tienen y cuáles son, con mucha más precisión, las temáticas que interesan al espectador medio.

No hay que temer esta nueva realidad, sino ir entendiendo cuáles son las dinámicas de la sociedad y adaptarnos en esa dirección. Los datos, y su análisis, han venido para quedarse.